No tengo nada más que decir
Imagen generada vía Gemini
Tras lograr el «premio gordo», Nerea salió a toda prisa hacia el baño mixto previamente preparado para cambiarse. Nadie podría sospechar que donde entraba un anodino empleado de mantenimiento, saldría una atractiva rubia con minifalda plisada, botas altas y jersey ceñido color crema. Una apariencia que desde el cambio de carteras se fue haciendo común en el complejo gubernamental.
Bajo el brazo, bien sujeto, llevaba un bolso que casi podría haber adquirido en cualquier mercadillo.
Tras años investigando, al fin tenía las pruebas que mandarían a prisión a unos cuantos sinvergüenzas y devolverían sus ahorros a muchas familias y, en parte, la confianza en la justicia a una población hastiada y asfixiada en corrupción.
Al llegar a la salida, un guarda de seguridad la detuvo e introdujo en una pequeña habitación contigua donde la esperaban un hombre de buena apariencia e impecablemente vestido, escoltado por una mujer de mediana edad de pelo en apariencia alborotado que lucía un collar que ni con su elevado sueldo podría permitirse. Junto a esta, un tipo de aspecto desagradable que, desde que Nerea entró, no dejaba de mirarle el escote.
—Bien —dijo nervioso el primero arrebatándole el bolso y entregándoselo al tipo de la mirada penetrante para que lo examinara—. ¿Creías que me ibas a poder quitar este «chollo», guapa? ¿No te quedó claro en la reunión que tuviste con mi gente? Ahora tendrás que dar muchas explicaciones.
—Esto… —balbuceó el matón tras examinar el bolso—. Esto está vacío, jefe.
—¡Mira esto! —exclamó la mujer enseñando al «guapo» un mensaje que le acababa de llegar al móvil.
—Yo —sonrió Nerea—, no tengo nada más que añadir. El paquete llegó a su destino, así que ya me marcho.
» Será usted el que tenga que dar muchas explicaciones, señor presidente.
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